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Jorge Fonseca Vargas

 

 

 

 


Jorge Fonseca Vargas

El actual chef ejecutivo del conocido Chilenazo y Los Buenos Aires de Paine dice haber dedicado toda su vida a la cocina, su gran pasión. Comenzó a los dieciséis años trabajando como copero en el restaurante La Casita de las alemanas, ubicado en la Panamericana Sur de San Bernardo. Durante las tardes, recuerda, los maestros de cocina se retiraban y él ensayaba algunas preparaciones para el día siguiente, soñando siempre que sería chef. Solo algunos meses tardó en pasar de copero a ayudante de cocina, y luego de dos años, tuvo la completa certeza de que tenía gran habilidad en este rubro.

En 1995, y con menos de dieciocho años, ingresa al emblemático espacio gastronómico Los Buenos muchachos, al mando del chef Alberto Valenzuela y el sous chef Hugo Oses. Junto a estos dos grandes de la cocina aprendió, como él mismo dice, “a trabajar amable y humildemente la comida chilena, con sus delicados guisos, arrollados caseros y corderos al palo”.

Pronto Fonseca se dio cuenta de que quería avanzar más rápido y superarse a sí mismo. Durante doce años se formó con mucho esfuerzo, y buscó especializarse en técnicas de cocina internacional con varias capacitaciones y talleres de clase mundial realizados por Inacap y la Asociación Chilena de Gastronomía. Para completar su educación, decide estudiar para técnico en gestión de negocios gastronómicos de nivel superior en el Instituto ICCE. De este modo, gracias a su trabajo y contante perfeccionamiento, el chef fue mostrando su destreza al mundo, y eso le valió importantes medallas en certámenes como Expogourmand, Achiga y Toque D´or de Nestlé. Según recuerda, fueron estos reconocimientos, sin duda, los que le dieron el aliento necesario para continuar su lucha.

Será después de un decisivo reencuentro con un viejo amigo, que Fonseca llegará a integrar las cocinas del célebre Chilenazo, caracterizado por tener una de las mejores carnes y parrillas a nivel nacional. Después de cinco años de arduo trabajo, como su chef ejecutivo en las sedes Santiago y Las Condes ha logrado desarrollar una cocina casera que se distingue por su gran sabor, su simpleza e inmenso éxito entre los comensales. Una cocina chilena profunda y con sentido que, como él mismo dice, “nunca pasa de moda”.